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Dos mundos.

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Con una camiseta más grande de lo normal, con los calcetines blancos con las plantas algo grises de caminar descalza. Y con la mirada llena de esperanza. Con las manos sucias y llenas de pinturas. Con los labios pintados de rojo y las mejillas coloradas. Su pelo negro le caía por la cintura y vageó por su casa.

Amaba la soledad y el silencio. La música de fondo y las letras que hablaban de amor. Le gustaba bailar en la soledad de su casa e imaginar que algún chico vendría a bailar con ella. Cerraba los ojos y extendia los brazos. Sentía las ganas de bailar y de echar a correr hasta quedarse sin aliento. Soñaba con una vida de flashes y de autógrafos, con photoshoots y con gente esperando salir de un inmenso coche negro. Con un olor a café en la mesa cada mañana y con una PDA para poder llevar su agenda. Con las revistas de moda hablando de ella y con los periodistas deseando preguntarle mil y una cosas. Soñaba con un mundo de Hollywood. Quería un mundo de Hollywood.



En otro lugar, en otro país, en otro mundo, una niña morena de piel. Una chica, con los ojos de un marrón más profundo que el chocolate negro Nestlé, miraba al cielo por las mañanas, dándole las gracias a Dios por seguir respirando. Por ver las pocas estrellas entre el humo de los incendios producidos por bombas, entre los disparos de los soldados. Soñando con un mundo de estudio, con amigas con las que poder hablar, y poder ir cada día al instituto con la única preocupación de tener o no, lo deberes al día. Soñaba con un chico que la despertara con una caricia, con poder comer cada día.

Soñaba un mundo corriente, una vida en la cuál los demás pudiesen entablar amables conversaciones sobre la sensación de la arena de la playa en los pies, o poder disfrutar de un par de galletas con café para desayunar, en una mesa mientras en la televisón sonaban las noticias. soñaba con dibujar en un papel y no en la tierra. En no ensuciarse las manos de barro. Soñana con el mundo que tu y yo conocemos. Deseaba nuestro mundo.
Domingo, 14 de febrero de 2010.


Querido yo, y y nosotros.

14 de febrero. Mal día para ser domingo. Tuviste que caer en el día más aburrido y en el que menos cosas he de hacer. Cupido ¿acaso me odias? No tienes derecho a irrumpir en mi vida un frío día de febrero con las flechas en alto y mirarme a los ojos desafiándome. ¿Quién te ha dado permiso para tener tu propio día? ¿Acaso el amor es exclusivo de febrero? Es más, ¿acaso el amor es solo tuyo?

Yo amo, sí amo con locura, amo la literatura, la música, a mi perro, y a él. Pero eso no te da el derecho de decirme cuando he de gritarles a los demás que les amo. Nadie puede obligarme a celebrar tu estúpido San Valentín, además el nombre ya es ridiculo, Valentín, jamás pondría ese nombre a mis hijos, y perdona que te demande cupido por ser un dictador tan fascista. Eres como un hitler del amor, diciendonos cuando debemos comprar bombones, rosas y chillarle que le quieres. Eres como un ejercito andante con todos esos dependientes intentando venderte regalos por san valentín. Y yo me río.

Cupido estás pasado de època, estás enterrado en el fondo de mi mente atrapado entre telarañas y al lado del caballero de Sant Jordi y de papà Noel. Creo que el Ratón Perez se escapó pero está tan perdido que ni él sabe como volver. ¿Sabes? YOU'RE OVER! y te lo digo en inglés para que todos sepan que eres un invento que no estoy de acuerdo con tu politica, que no me gustan las dictaduras, adoro las democracias, donde cada uno tiene la libertad de expresión los 365 días del año (366 en años bisiestos). Hoy me niego a decir te amo. Me niego a recibir un abrazo y dar cariño, no es que quiera sabotearte (ni mucho menos) es tan simple como que no quiero seguir la multitud de cadenas de marqueting que te han creado como un niño pequeño y alado con tu cayak de flechas y con solo una sabana para tapar tus partes nobles.


Allá donde vaya, hoy serán corazones y chocolates.
Pero esperaré a mañana para gritarle al mundo,
que me muero por su sonrisa.

Soldado de papel.

30 de Marzo 2003.

Nos entristece comunicarle que el día 27 de Marzo de 2003, en Afganistan Irak, mientras se encontraba en primera línea de fuego, falleció el soldado presente en batalla Mark Tompson, mientras realizaba trabajos prestados al servicio de su patria. Lamentamos la perdida familiar. (...)


El telegrama seguía pero la mano me temblaba. Seguía diciendo una lista de sandeces inigualable, tales como ayuda económica para suplir el empleo de Mark, o visita del ministro de defensa por el reconocimiento al trabajo, entrega de la medalla al mérito... Y seguía, ese condenado papelito amarillo seguía y seguía, recordándome tu ausencia.

Hace más de 6 años que no estás Mark. ¿Sabes? He conseguido lo que te prometí, pero lo he conseguido a medias. He hecho todo lo que me pediste si te ibas (o casi). Tengo pareja, se llama Ryan, como el soldado de la película que veíamos siempre, es muy cariñoso conmigo, y no es soldado, es empresario. Vivo en otra casa, (la anterior me trae recuerdos infinitos de nuestros días de amor), está bien situada a las afueras de un pueblo de Connecticut, Ryan dijo que New Haven era perfecto para mudarnos y que la pequeña Lily pudiera jugar en el parque con los demás niños de su edad.

Lily está muy mayor va a cumplir ya los 6 años, este diciembre, tiene los ojos de su padre, grises y profundos, muy grandes, Mark siempre se quedan mirando a Lily, porque és demasiado escuálida, muy delgada, con la nariz respingona y millones de pecas, está tan guapa. Pero sus ojos grises a veces me dan miedo Mark. Me mira de una manera, cómo si supiera que en realidad su padre no está, y es que siempre que nos encontramos a mis padres le dicen 'eres el vivo reflejo de tu padre niña' y Lily responde 'yo no me parezco a Ryan y él es mi papá ¿verdad?'

Lo que más siento es no cumplir lo más importante de la promesa. Tú. Tu recuerdo, tu taco y tu sonrisa están guardados bajo llave, los saco siempre que llega el 27, o si no es 27 me invento una excusa para mí misma para poderlos ver. Esa forma de mirar, esa mano siempre fría rozando mi espalda. Te echo de menos. ¡Jo-der! ¿Es que acaso tú merecías eso? ¿Qué pasa con ellos? ¿Los soldados para ser valientes han de morir en batalla? Fabrican bombas, armas, artilugios para matar. Y tú has tenido que pagar la dejadez de un comandante sobre sus hombres. ¿Qué triste no? Después de muerto sólo se dignan a enviar un telegrama, para no tener que dar la cara delante de la familia dolida. Te convierten en soldado de honor, en un soldado de papel, de papel amarillo, lleno de lagrimas después del tiempo, y acabando olvidado en el fondo de un cajón oscuro.

Ahora ya no duermo por las noches, mi sueño se basa en cajas de valerianas para poder dormirme, siempre que no me atormente el recuerdo de tu fantasma. Que ahora se ha instalado donde solías comer, en el fondo de la mesa del comedor en la primera silla de la izquierda. Ryan sabe que ahí estás , así que simplemente buscó otro sitio. Cómo lo ha buscado en mi corazón.

Niñata

Tú padre es un borracho. ¿Sabes? Óyeme bien niñata estúpida, tu padre es un jodido borracho, y ¿Sabes que más? Trataba de puta a tu madre, le pegaba y le chillaba, ¿sabes qué edad tenías tú mocosa? Sólo tres años. Tú hermana recién nacida y tú, lo viste.

No niegues nada, porque no puedes negarlo. Tienes la mente llena de recuerdos. Tú en la cuna y tus padres gritándose, tu padre le pega y ella llora. Tú en tu habitación oyendo como tu padre le chilla y le dices a tu hermana pequeña. No pasa nada, no es nada, mamá estará bien.

Papa se va a trabajar y tú, sales de tu habitación, toda la casa huele a alcohol y tú ves a tu madre llena de moratones, y llena de lágrimas. No es el mejor momento pero tú corres y te encierras en el baño. Y entonces lloras tú. Tu hermana no entiende nada. Y esa es la rutina desde que tenías cuatro años. Siempre creciste así, te señalaban con el dedo, ambos te echaban la culpa de todo. "tú" solían decir "tú tienes la culpa niñata". Solían pegarte y chillarte. Tu hermana no entiende nada aún. Tu madre aprendió a sufrir sola y a guardar dinero para sobrevivir, pues lo poco que teníais se lo gastaba el borracho de tu padre en la barra de un bar. Salías a la calle, a vivir, o mal vivir. Cómo quisieras llamarlo. Salías, estabas por ahí, no regresabas hasta bien entrada la noche, no querías volver a oler el alcohol entre las paredes de tu casa. No quieres volver a encerrarte. Por si fuera poco estás sola, en la calle ves a los niños pasar cogidos de la mano de sus padres. "Papá ¿qué cenaremos hoy?" "No sé cariño ¿qué quieres cenar?" "¡Patatas!". Y entonces ríen. Deseas una conversación así, por que las tuyas son algo parecido a "Niñata, cuando crezcas serás igual que tu madre" "Papa no digas eso" "No me contestes estúpida". Entonces alzaba su mano que seguramente pesaba dos quilos, o a ti te lo parecía, y te giraba la cara. Y luego te volvía a pegar. Tu pensabas, es lo normal, es lo normal, él siempre nos pega, a mí y a mamá.

Crecías con golpes moratones, y tu padre seguía en la barra de un bar, tu hermana pequeña nunca había sentido el miedo de encontrar a su padre borracho, pues ella nunca había sufrido un solo rasguño. Pero tú tenías miedo de ese hombre que volvía de un bar que se hacía llamar papá. Y ahora recuerda, él nunca te ha dado un beso, una caricia, el siempre que te ha rozado ha sido para pegarte. Cuando solías llevar ropa que tapara tu figura para no dejar ver los golpes.

Y cuando cumpliste los doce, te empezó a llamar gorda, si gorda. Porque era su deporte favorito, al fin y al cabo. Solo quería amargarte. Sólo quería hacerte sentir inferior. Te pegaba y cuando estabas maltrecha te insultaba, te llamaba gorda y te recordaba como de estúpida eras.

Luego dejaste de comer, porque él te llamaba gorda, porque todo el mundo lo hacía, porque eras una gorda estúpida que solo sabía llorar cuando su padre le pegaba.